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jueves, 15 de diciembre de 2016

Periodismo en el Siglo XXI: El discurso del Editor del Washington Post en el #FestivalGabo

Últimamente he estado pensando en el año 2001. Ese fue el año en que me convertí en director editorial del Boston Globe. Verano de 2001.
Lo que ocurrió en los siguientes siete meses ha sido inmortalizado en una película, Spotlight, que este año ganó el Premio Óscar de la Academia a mejor película y mejor guión original.
La película retrata la investigación del Boston Globe que develó décadas de encubrimiento de casos de abuso sexual por parte de la Iglesia Católica, y que aún hoy continúa teniendo eco en los más altos niveles de la Iglesia y entre los católicos laicos.
Más adelante volveré sobre este tema, pero hay otra razón por la cual he estado pensando en el año 2001. Es porque no puedo dejar de reflexionar acerca de todo lo que desde entonces ha ocurrido en la industria de los medios y en el periodismo.
En el verano de 2001 las conexiones de banda ancha de alta velocidad estaban en su infancia. La penetración de banda ancha era limitada. Sin ella, no había video en línea, ni audio, ni comunicaciones inalámbricas, ni comunicaciones móviles, ni se compartían fotos de manera significativa.
Mucho de lo que hoy damos por sentado en el universo digital, ni siquiera existía en ese entonces. [Continuar leyendo]

jueves, 13 de octubre de 2016

Dylan, Nobel de literatura: poesía, compromiso y modernidad

Quienes hace tiempo venimos argumentando que los textos de la modernidad han cambiado para adaptarse a los nuevos tiempos, no podemos más que congratularnos de que Bod Dylan, aquel ya legendario poeta norteamericano que se atrevía a cantar, haya sido galardonado con el premio Nobel de Literatura 2016 por "haber creado nuevas expresiones poéticas dentro de la gran tradición musical americana".
Menos afortunado y menos moderno también fue el jurado del premio Príncipe de Asturias de las Artes, cuando en 2007 lo galardonó con ese premio y no con el de las Letras, como sí hizo cuatro años más tarde con Leonard Cohen, otro grande de la canción y la poesía.




Ahora, mientras en algunos círculos muy conservadores se debate entre si la decisión de la Academia Sueca es acertada o no,  como casi siempre pasa con este premio; pero también de si lo que hace Dylan es o no literatura; uno, que viene reclamando allá donde puede que los textos de la modernidad son los propios de un tiempo que no se puede entender sin la fusión de la palabra con otro sinfín de códigos que no solo la refuerzan, sino que la potencian  y le añaden sentidos y significados más amplios, solo puede estar alegre y satisfecho. Todos los que persistimos en este empeño no podemos estar equivocados.
Debe ser uno muy burro o estar muy obcecado y con un concepto muy trasnochado de lo que es Literatura, para haber olvidado que muchos de los primeros textos literarios tenían en la voz de sus intérpretes su principal medio de difusión y de consolidación. Y si no recuérdese la lírica tradicional española o europea, o la trovadoresca, o... etcétera etcétera, que no solo han sido fuentes de inspiración de toda la poesía clásica y popular, sino que además son también poesía por sí mismas.
Bienvenido este reconocimiento a Dylan, contribuya o no a hacernos entender que los textos de la modernidad no pueden anclarse tan solo en las tímidas siluetas de la tipografía de unas letras ordenadas bellamente sobre un papel y ahora en una pantalla. Sirva también este premio para reconocer igualmente el sesgo literario de tantos y tantos cantores de letras propias, a los que mucho debemos quienes gustamos de la poesía.


lunes, 2 de mayo de 2016

Nativos digitales: ¿Todo está listo o todo está por hacer?



El material de trabajo para quien se enfrenta a la lectura y la escritura en el siglo que vivimos, hace necesario enfrentarse y reflexionar sobre el concepto "nativo digital". Sin embargo, de la misma manera que el nacimiento fija el principio de la capacidad comunicativa en cada hombre, pero no garantiza el que se alcance un nivel óptimo sin esfuerzo, el paradigma digital no va a ser menos y hará necesario un camino de aprendizaje imprescindible.


En los siguientes artículos, aunque solo los de Danah Boyd e ICDL americas, pueden considerarse como originales, el debate y quizá las conclusiones están servidas.


Pero la cuestión final quizá sea fácil: ¿Todo está listo o todo está por hacer? ¿Cómo van a aprender?




martes, 12 de abril de 2016

El cómic como instrumento de narración en el aula

Uno de los instrumentos más tradicionales para trabajar la narración ha sido desde siempre el cómic. En el aula es muy útil y ayuda a comprender el funcionamiento de los textos discontinuos.
Hay siempre la posibilidad de trabajar con el dibujo a mano alzada, pero también existen instrumentos digitales que ayudan a su realización y a su difusión.

El trabajo que acompaña esta reseña está realizado por una alumna de 1º de ESO. En él puede apreciarse, que casi de una manera intuitiva, domina muchos de los procedimientos de expresión del cómic, posiblemente porque ha sido un recurso en el que ha desarrollado su capacidad lectora.


El lenguaje del cómic
Actividad de aprendizaje interactivo sobre el lenguaje del cómic

Herramientas para trabajar el cómic en clase:


Tutorial sobre cómo crear un cómic digital:



Referencias sobre cómic y educación

Otras opiniones: * Cómic en papel vs cómic digital

jueves, 10 de marzo de 2016

HACIA OTRA FORMA DE LEER Y DE PENSAR




Muchos profesores vivimos todavía en el siglo XIX. No nos hemos percatado, o en algunos casos no terminados de aceptar, que determinados paradigmas educativos han cambiado, y que lo que sirvió para que estudiaran Mariano José de Larra o Marie Curie, si se observa con un mínimo detenimiento el contexto, un elemento fundamental para entender el acto educativo, no puede ser válido, o por lo menos no puede ser suficiente, para que los hombres y mujeres del siglo XXI, entiendan, comprendan y sean capaces de valorar y hasta de cuestionar el modelo bajo el que vivimos. Solo posicionamientos muy conservadores pueden propugnar seguir ajenos a esta evidencia constatable. Y así, siendo obvio que hoy nadie se plantea realizar una intervención quirúrgica con el instrumental y los protocolos del siglo XIX, en la escuela, que habría de ser un referente desde el que abrir nuevos caminos, un acto tan fundamental como el acto de leer se mantiene anclado en unas premisas y en una concepción a todas luces insuficientes para abordar las nuevas realidades en las que conviven y desde las que han de interpretar la vida nuestros alumnos.
Por estos planteamiento es por los que tampoco pueden compartirse con José Antonio Marina y María de la Válgoma, sin duda referencias imprescindibles de nuestra educación, la afirmación de que “La lectura se encuentra acosada por la competencia de otras fuentes de diversión e información, en especial por los medios audiovisuales, que ejercen desde la infancia una poderosa fascinación”1. Y es que no tienen muchos distractores a su alcance, que quizá también, lo que sí tienen delante es un marco espacial distinto, un marco instrumental y de referencias diferente, mucho más amplio que aquel en el que desarrollaban sus capacidades intelectuales nuestros antepasados. Un escenario en el que, desde la “explosión digital”, las posibilidades son muy diferentes y cada vez más distantes de los antiguos modelos unidireccionales.
La actualidad digital ha desvelado espacios para la lectura interactiva impensables antes, cuando el proceso de definición de los contenidos dependía en gran medida del potencial imaginativo del lector, al que se imponía la obligación de –por ejemplo- imaginar los mundos sugeridos por el texto. En ese sentido los textos de la modernidad son más democráticos porque, incluso a los menos creativos o aquellos que presentan déficit de creatividad, les facilitan modelos con los que acceder a las realidades que se ofrecen. Y este hecho, contrariamente a lo que podría pensarse, no tiene por qué mermar las capacidades de quienes sí poseen o han desarrollado la creatividad o la innovación. Esos, sin duda seguirán encontrando nuevos caminos, nuevas fronteras en los textos con los que trabaja.
Lo cierto es que cuando un niño, por ejemplificar, se enfrenta a la pantalla de una tableta o de una computadora con una aplicación interactiva, tiene ante sí un código mucho más elaborado, y que solo una parte de ese código con el que ha de trabajar y que ha descodificar, coincide con aquel otro al que se enfrentaron los pensadores citados al principio o cualesquiera otros.
Vivimos tiempos en los que la frontera de las cosas, de las artes y de las ciencias están cada vez más difusas. El viejo dilema ciencias o letras será cada vez más difuso. El futuro, en un mundo sin fronteras para el intelecto, será de quienes dominen la capacidad de crear y de entenderlo. El futuro cada vez está más cerca de un remozado concepto del hombre utópico del Renacimiento. La pena es solo que los Estados y los poderosos idearán un modelo suficiente y capaz para gestionarlo a favor de los de siempre.
1 La magia de leer, Capítulo 2: Razones de un desamor, Plaza y Janés, 2010.